Así funciona el ciclo de financiación de las startups

Hace varias décadas, iniciar un proyecto de negocio tecnológico requería que sus responsables emplearan grandes sumas de dinero y corrieran importantes riesgos antes de lanzar una versión funcional del producto y probar suerte en el mercado. Afortunadamente para los actuales fundadores de startups, hoy en día es posible segregar este enorme desembolso a lo largo de un ciclo de financiación dividido en diferentes etapas.

Por otro lado, gracias al intenso desarrollo del software y la externalización de servicios, las empresas emergentes pueden concebir su idea de negocio y los primeros prototipos en poco tiempo, sin apenas inversión. Si bien es cierto que aún es imprescindible contar con recursos económicos suficientes y asumir riesgos para lanzar una compañía, los costes de desarrollar y validar un producto han disminuido mucho en los últimos años.

Así, el actual ciclo de financiación característico de las startups coincide en gran medida con el ciclo de crecimiento de la empresa. De esta manera, cada fase no solo se caracteriza por una etapa de desarrollo del negocio, sino también por unos problemas y unos requerimientos económicos concretos que satisfarán diferentes tipos de inversores especializados en cada uno de estos escalones.

Pre-seed capital

A la hora de lanzar un proyecto, los emprendedores dedican la primera fase a dar forma a la idea de negocio, al producto y a analizar su repercusión en el mercado. Es entonces cuando buscan una fuente de financiación que les permita dedicarse a tiempo completo a construir los cimientos de la compañía.

Para hacerlo posible, cuentan principalmente con tres fuentes de financiación: los conocidos como Family, Friends and Fools, los business angels y las aceleradoras.

  • Family, Friends and Fools. Estos términos ingleses (familiares, amigos y locos en castellano) se refieren a aquellas personas cercanas al círculo del emprendedor dispuestas a aportar pequeñas cantidades de dinero y a asumir el enorme riesgo de no ver nada a cambio, pues ni siquiera saben aún si la idea o el proyecto funcionarán.
  • Business angels. Se trata en este caso de inversores profesionales que, bien a título individual o en asociación, inyectan su propio capital en un proyecto emergente para ayudar al emprendedor a crear las primeras versiones del producto, asesorándole en el proceso, pero sin participar en la administración de la startup.
  • Aceleradoras. Este tipo de organizaciones especializadas aportan tanto capital como acompañamiento y espacios de trabajo para los emprendedores, a cambio de un pequeño número de participaciones.

Seed Capital

Durante esta segunda etapa, conocida como capital semilla en español, los emprendedores dan un paso más para desarrollar el producto hasta una fase que les permite lanzarlo al mercado, validarlo con los primeros usuarios y atraer a los primeros clientes —aquellos que pagan por él—.

En Europa, las cifras de inversión características de esta fase suelen situarse entre los 750.000 euros y el millón de euros. Estas son aportadas, principalmente, por business angels, algunos fondos de capital riesgo especializados en los primeros estadios de desarrollo y otras alternativas más recientes, como las plataformas de equity crowfunding como The Crowd Angel.

Como ya te hemos explicado en otras ocasiones, a diferencia del crowdfundig a secas, quienes llevan a cabo equity crowdfunding son inversores que aportan una cantidad económica a cambio de participaciones en las startups. Lo hacen de forma agregada a través de plataformas que se encargan de seleccionar los proyectos más prometedores y que ofrecen la posibilidad de contribuir con pequeñas sumas —en The Crowd Angel puedes comprar tickets de 3.000 euros— a cada uno de ellos.

Los inversores que entran a partir de esta fase aportan a las startups, además de dinero, una nutrida red de contactos y asesoramiento y abren la puerta a nuevos clientes. Sin embargo, se trata de modelos de financiación más especializada y exigente, por lo que los emprendedores deben acostumbrarse a los procesos de evaluación o due diligence, a tener a varios inversores en el consejo de administración y a lidiar con los derechos de estos en el pacto de socios.

Early stage

Una vez validado el producto o servicio y obtenidos algunos clientes, los fundadores de la empresa intentan en esta tercera etapa escalar el modelo de negocio, abrir nuevas oficinas, ampliar la plantilla y hacerse un hueco definitivamente en el mercado. Este será el objetivo, por tanto, de conseguir una nueva inyección económica.

En esta fase del ciclo, las empresas levantan rondas de financiación de serie A (de entre uno y cinco millones de euros) y serie B (de entre seis y diez millones de euros), en función de su grado de desarrollo. Estas operaciones suelen estar lideradas por fondos de capital riesgo, pero también participan en ellas otros actores, como las plataformas de equity crowdfunding como The Crowd Angel.

Growth stage o etapa de crecimiento

Esta fase comprende tanto las rondas de serie C como las posteriores, incluidas las de capital mezzanine (deuda intermedia, en español), un instrumento híbrido de financiación poco común entre las startups que se encuentra a medio camino entre la deuda y el capital. Todas estas operaciones se consideran una especie de puente hacia etapas precedentes a un exit.

Cuando buscan este tipo de empujones económicos, las startups ya han alcanzado la madurez. Han validado por completo su modelo de negocio, cuentan con un equipo multidisciplinar suficientemente amplio, han comercializado su producto, obtenido beneficios y necesitan capital para escalar el proyecto, crecer o competir de forma más agresiva. El objetivo de la financiación es ahora inyectar el combustible necesario para acelerar exponencialmente la curva de crecimiento de la compañía.

Las operaciones de financiación en estas etapas suelen están lideradas por sociedades de capital privado o bancos de inversión con un potente músculo económico y secundadas por grandes fondos de capital riesgo.

Exit stage

Se trata de la última etapa en el desarrollo de la startup, posterior a una ronda que actúa de puente —generalmente, de tipo B o C— entre las primeras fases y este colofón. Así, una vez recorrido todo el camino y aumentado su valor con creces, una empresa suele acabar saliendo a bolsa (un evento poco común en Europa), fusionándose con otra o bien siendo adquirida por una compañía mayor.

Algunas de las compras más relevantes del panorama español durante los últimos años han sido las de Privalia, adquirida por la francesa Vente-Priveé por 500 millones de euros, o la de Ticketbits, engullida por Ebay por 149 millones de euros.

Lo cierto es que no es habitual que una startup complete todo el ciclo de crecimiento y financiación, por lo que cualquier emprendedor puede considerarlo un auténtico logro. No obstante, recorrer parte del camino también tiene su mérito y, además, puede resultar una actividad sumamente gratificante tanto para los responsables de las empresas como para los inversores que les acompañan.