Cómo se planea un ‘exit’ y cuánto debe preocuparle al inversor cuando entra en una ‘startup’

Cuando una persona apuesta parte de su capital a que una empresa emergente triunfa, fundamentalmente lo hace, como es lógico, porque espera recuperar esa inversión y, aún mejor, ganar dinero. Asume el riesgo porque cree que obtendrá, si la jugada sale bien, un beneficio importante. Es evidente, así, que al inversor le debe preocupar el exit desde el mismo momento en que decide entrar en la startup. En última instancia, el objetivo de invertir es desinvertir.

Esto, que es de sentido común, se puede traducir de muchas formas. De hecho, la manera de entenderlo puede marcar la diferencia entre un ecosistema emprendedor maduro y uno que está dando sus primeros pasos. En España, sin ir más lejos, venimos asistiendo en los últimos años a un cambio de filosofía que invita al optimismo: las startups ya no nacen pensando en replicar un modelo extranjero, engordarlo y venderlo al mejor postor, sino que comienzan a hacerlo con la vocación de convertirse en líderes globales.

Aunque ambos planteamientos son legítimos y hay muchos inversores que han obtenido una gran rentabilidad apostando por startups que trasladaban una idea de allende el Atlántico a nuestro país, lo cierto es que las compañías más exitosas que han surgido recientemente en España, como Glovo (que protagonizó el primer exit parcial de The Crowd Angel) o Cabify, ya no se dedican exclusivamente a imitar a su referente norteamericano, sino que aspiran a conquistar mercados internacionales y a ser uno de los actores relevantes en el panorama mundial de su sector.

Lógicamente, cuando una startup solo aspira a conquistar el mercado español y vender al gigante extranjero cuando desembarque en nuestro país, el exit es lo más importante y casi lo primero que se debe planificar. Qué idea trata de replicar y a quién se la piensa vender son las dos preguntas fundamentales que deben hacerse tanto el emprendedor como el inversor que se plantea financiar la idea.

En cambio, si la empresa nace y crece con un objetivo más ambicioso, el de convertirse en uno de los líderes globales, dedicarle demasiado tiempo a planear un exit puede ser incluso contraproducente, pues distrae a los responsables de la startup de lo verdaderamente importante: hacer crecer la compañía y diseñar unos procesos y unas pautas de ejecución sólidos que le permitan expandirse y funcionar como cualquier multinacional de éxito.

Si las cosas se están haciendo bien, el comprador llegará de forma natural cuando sea el momento. Y si no llega, tal vez sea porque tengamos entre manos una empresa líder con una facturación multimillonaria que ya se ha convertido en el pez grande y planea, por qué no, salir a bolsa y/o repartir dividendos. Aunque a veces lo parezca, vender no es la única manera de recuperar la inversión en una startup.

Construir una empresa robusta a nivel de procesos y de ejecución es, al mismo tiempo, la mejor estrategia para que resulte atractiva a los posibles compradores. Lo ideal para quien va a adquirir una startup es que ya no sea dependiente de sus fundadores. Que los directivos y el CEO sean profesionales bien cualificados pero reemplazables, y que su marcha, si se produce, no suponga un gran escollo para la organización. En definitiva, que los engranajes estén bien engrasados y sigan funcionando aunque se sustituya alguna pieza.

En la práctica, muchas adquisiciones se producen antes de que la startup haya llegado a este punto, y se hacen necesarios períodos de transición, estipulados por contrato, en los que el fundador sigue presente en el seno de la nueva matriz contribuyendo a que la de por sí compleja integración de dos empresas con distintas culturas se lleve a cabo de la mejor forma posible.

En cualquier caso, los emprendedores e inversores con objetivos ambiciosos, propios de un ecosistema maduro, deben preocuparse mucho menos de planear un exit que de diseñar esos procesos y pautas de ejecución que permitan a la empresa expandirse a nivel internacional (es más fácil abrir nuevos mercados si ya tienes claro cómo hacerlo) y funcionar sea quien sea la persona que esté al frente.

No quiere esto decir que tengan que olvidarse por completo de pensar en las posibles salidas. Si quiere presentarse de una forma seria y convincente ante posibles inversores, una startup deberá contemplar al menos qué perfiles de posible comprador podrían interesarse en un futuro. En The Crowd Angel, sin ir más lejos, uno de los apartados que se incluyen siempre al presentar una nueva operación son los posibles exits o desinversiones. No se trata de citar empresas por su nombre, pues carecería de sentido, pero sí de dibujar esos perfiles de compradores potenciales en base al historial de compras y las operaciones pasadas de ese tipo de compañías.

Al inversor, lógicamente, le interesa. Como decíamos, el objetivo último de invertir es desinvertir, pero lo cierto es que cada inversor debe prestarle una atención distinta al tema del exit. Depende mucho de la fase en que se encuentre la compañía en el momento de la ronda.

Para el emprendedor, llegar desde la línea de salida hasta la meta es una maratón: echa a trotar desde el principio y tiene que llegar hasta el final. Para los inversores, sin embargo, es una carrera de relevos. La persona que financia la startup en fases iniciales suele tener la oportunidad de desinvertir cuando llegan los siguientes inversores, especializados en rondas más altas, que a su vez saldrán si lo desean cuando entren los próximos, y así sucesivamente hasta que se produzca el exit.

Con el dinero que han ganado al desinvertir, cada uno de estos inversores saldrá a buscar nuevas empresas que se encuentren en la fase en que se especializan. El emprendedor, seguramente, seguirá ahí, procurando que la empresa crezca y construyendo esos procesos y pautas de ejecución que, al final, si todo marcha bien, permitan a la empresa dar el último salto, ya sea vender a un gigante o convertirse en uno por derecho propio.