¿Qué son los unicornios y por qué todavía no hay ninguno español?

Con la apariencia de un caballo, de color blanco y con un cuerno en la cabeza, el unicornio ha sido tradicionalmente un animal mitológico, una criatura imaginaria de belleza sin igual que habitaba el mundo de los cuentos y las fábulas. Hasta el siglo XXI. En concreto, fue en 2013 cuando el mundo del emprendimiento recurrió a ese mismo término para bautizar a lo que por entonces también era un fenómeno escasamente habitual: las startups milmillonarias.

El nacimiento del concepto emprendedor de unicornio fue acuñado en un artículo para TechCrunch por Aileen Lee, fundadora del fondo de inversión Cowboy Ventures. “Los fondos de capital riesgo han crecido en tamaño, requiriendo exits más grandes para dar rendimientos aceptables. Por ejemplo, para devolver el capital inicial de un fondo de inversión de 400 millones de dólares, habría que poseer el 20 % de dos compañías diferentes de mil millones de dólares o el 20 % de una compañía de dos mil millones de dólares”, argumentaba Lee por entonces para, a continuación, preguntarse cuál era la probabilidad de que una startup lograra una valoración superior a esos ansiados mil millones de dólares.

En aquel instante, Lee definía al unicornio como cualquier startup tecnológica con sede en Estados Unidos, creada a partir del año 2003 y con una valoración que superara los mil millones de dólares. Efectivamente, el nombre hacía referencia a lo complejo que era en 2013 avistar a una empresa capaz de cumplir con esos requisitos: el equipo de Lee tan solo halló 39 startups dignas de ser llamadas unicornios, que representaban tan solo el 0,7 % de las startups tecnológicas respaldadas por capital riesgo.

De ellas, destacaba la que Lee mencionaba como “superunicornio”: la todopoderosa Facebook, que había logrado una valoración superior a los cien mil millones de dólares. Junto a ella, y con una menor valoración, otras startups como LinkedIn, Twitter, Dropbox, Pinterest, Instagram, Box, Groupon o Uber, entre otras, componían ese exclusivo club de unicornios que hoy tiene poco que ver.

No en vano, lo que hace cuatro años era un fenómeno poco frecuente que apenas representaba el 1 % del tejido emprendedor estadounidense, hoy es bastante más habitual. De hecho, el panorama ha cambiado hasta el punto de que ya no es Estados Unidos el epicentro de la actividad de los unicornios: la lista Forbes que recoge actualmente a las startups que superan la valoración milmillonaria cuenta casi con doscientas empresas repartidas por todo el mundo.

Así, junto a Uber y otros unicornios estadounidenses como Airbnb o Github, hay startups tecnológicas con una valoración superior a los mil millones de dólares en Europa, como la francesa BlaBlacar, la checa Avast o la sueca Spotify; y en Asia, donde gigantes como Xiaomi, DJI, Meizu o Tencent Music han demostrado que es posible revolucionar sus respectivos sectores tecnológicos sin necesidad de intentarlo desde Silicon Valley.

No hay que olvidar, además, a los unicornios que ya no lo son. No en vano, adquisiciones o salidas a bolsa pusieron el punto final a su trayectoria como startups milmillonarias en distintos casos. Sin ir más lejos, la propia Facebook dejó de ser un unicornio en mayo de 2012, cuando el gigante creado por Zuckerberg dio su salto al parqué. Mientras otros unicornios como Alibaba, Snap (la compañía responsable de Snapchat), Zynga o GoPro dejaron de serlo tras salir a bolsa, el hecho de que Facebook se hiciera con WhatsApp en febrero de 2014 también supuso el final de la vida de la plataforma de mensajería instantánea como unicornio. Lo mismo ha sucedido hace escasas semanas, cuando Apple se ha hecho con la aplicación de reconocimiento musical Shazam, que formaba parte de ese ya no tan exclusivo club de unicornios.

¿Y en España?

Mientras la startup unicornio deja de ser ese animal mitológico que parecía ser hace un lustro, en el mundo del emprendimiento patrio sigue sin aparecer el primer proyecto que cumpla con la condición milmillonaria para recibir ese nombre. Si bien es cierto que candidatos no faltan, aún no ha surgido el primer unicornio español.

Para alcanzar la ansiada valoración que supere los mil millones de dólares, muchos señalan que el carácter global de un proyecto desde su nacimiento o la rapidez a la hora de expandirse son dos de los ingredientes necesarios (además de la capacidad de revolucionar el sector). En ese sentido, proyectos como CARTO o Wallapop parecen reunir esas condiciones. De hecho, aunque sus valoraciones todavía no han alcanzado los mil millones, no están muy lejos: el marketplace español ya ha superado los 500 millones de euros de valor.

Así las cosas, cabría plantearse por qué el tejido emprendedor español no ha generado aún ningún proyecto capaz de llegar a ser un unicornio. En este sentido, la madurez de ese propio tejido es la que marca los tiempos y, por el momento, en España no se ha alcanzado la suficiente madurez en el mundo de inversores y startups como para que emerja el primer unicornio.

La principal muestra de ello es la propia antigüedad de los fondos de venture capital, que en España no tienen más de una década de vida. Antes de ese momento, ni siquiera había entes de inversión que fomentaran la creación de un ecosistema emprendedor. En definitiva, ese ecosistema que sí existe hoy día se encuentra en su primer ciclo de vida: está compuesto por startups jóvenes que, no obstante, ya están protagonizando los primeros exits de peso, como el reciente caso de Glovo, invertida desde The Crowd Angel y protagonista del primer exit del equity crowdfunding en España.

Así, cabe esperar que comiencen a surgir startups creadas por emprendedores que provienen de esos proyectos que ya han tenido éxito previamente y que sean capaces de desarrollar herramientas disruptivas, de alcance global y, lo que es más importante, rechazar cientos de millones en la fase de crecimiento de su startup, antes de que supere la valoración de los mil millones de dólares. Será entonces cuando llegue el esperado primer unicornio español.

No obstante, cuando esto suceda será porque el ecosistema emprendedor e inversor español ha madurado lo suficiente y ha pasado por ciclos previos en los que otras startups han ido superándose y alcanzando logros en forma de rondas de financiación cada vez más millonarias y adquisiciones de más y más peso. De hecho, puede que el unicornio español ya haya nacido y que solo esté a un par de ciclos de madurez de superar la valoración de los mil millones de dólares.

Todos aquellos pequeños inversores que quieran participar en proyectos futuros con probabilidades de llegar a ser el primer unicornio español cuentan con The Crowd Angel como la mejor herramienta para contribuir económicamente a esas futuras rondas de financiación con las que maduren tanto los proyectos como el propio tejido empresarial. ¿Alguien quiere ver un unicornio de cerca?