Diez verdades que nunca te cuentan cuando empiezas a invertir en ‘startups’

Nadie nace con un conocimiento adquirido, ni tampoco con las nociones necesarias sobre inversión en startups con alto potencial de crecimiento. Aunque leer manuales y empaparte de los consejos de otros inversores pueden ser dos prácticas útiles para iniciarte en esta actividad, lo cierto es que, probablemente, te encuentres con vicisitudes que no habías previsto o de las que nadie te había hablado.

Por eso, hemos recogido algunos de los posibles escenarios y las claves de la inversión en empresas tecnológicas de reciente creación que, en un principio, pueden pasar inadvertidos para quienes comienzan su andadura en el universo de las startups.

Apostar tu dinero a un solo proyecto es ponerlo en peligro

Como te hemos advertido en otras ocasiones, es muy importante diversificar la cartera de inversión, es decir, el abanico de empresas y otros productos financieros en los que has decidido dedicar parte de tus ahorros. Por ejemplo, es aconsejable variar en cuestión del sector y la región geográfica de las startups, pero también combinar la inyección de capital en compañías tecnológicas y en otros productos, como los bonos, que suponen una obtención de liquidez más rápida y de menor riesgo —si bien reportan menores beneficios—.

Aunque hay diversas opiniones sobre cómo debe estructurarse un portfolio para que esté adecuadamente diversificado, la mayoría de expertos coinciden en asegurar que contribuir con tu dinero a una sola causa es el ingrediente principal de la receta del desastre.

Existen impuestos a la inversión en startups

Cualquier liquidez que, finalmente, obtengas a través de una desinversión lleva asociada una serie de impuestos que deberás pagar a Hacienda. Si decides vender tus participaciones, deberás tributar por la ganancia patrimonial generada, a no ser que vuelvas a destinarla a apoyar empresas de reciente creación.

La declaración de la renta tiene que reflejar las plusvalías, de forma que estas estarán sujetas a un gravamen que depende de si la inversión en startups se ha llevado a cabo como persona física o como persona jurídica. La buena noticia es que quienes adquieran acciones de empresas jóvenes podrán disfrutar de beneficios fiscales, como deducciones en el IRPF a nivel estatal y autonómico.

Las preguntas a los fundadores nunca sobran

Antes de invertir en una startup, es necesario conocer las circunstancias de los fundadores y qué les ha llevado a lanzar el proyecto. Por eso, las preguntas nunca están de más para obtener información sobre sus antecedentes y experiencia, así como sobre sus inquietudes y los esfuerzos que realmente están dedicando a la joven empresa.

Sin embargo, este proceso previo de indagación tampoco requiere pensar en interrogantes demasiado complejos. A veces, pueden decir más las respuestas a preguntas simples, como ¿por qué lo haces?, ¿por qué ahora es un buen momento? O ¿cuál es tu distintivo?

Los impulsos no son buenos consejeros

Como en otros aspectos de la vida, los miedos, preferencias y emociones pueden influir en las decisiones de inversión en startups. A veces, es posible que estos vaivenes te lleven a mover el dinero de uno a otro proyecto o a buscar apuestas más seguras si no ves avances a corto plazo.

Lo más aconsejable, no obstante, es mantener una cartera diversificada y evitar la tentación de analizar continuamente las cuentas o de sumirte en la ansiedad. La inversión en startups es una actividad que puede reportar gran liquidez, pero también requiere ser consciente del riesgo, tener paciencia y mantener la vista fija en el largo plazo para esperar a las opciones de desinversión.

Busca un sector que controlas (o infórmate sobre alguno)

Una de las mejores maneras de disminuir el riesgo de equivocarte es entender el mercado donde opera la empresa emergente en la que planeas invertir. Si se trata de un sector que conoces, te será mucho más fácil esclarecer si se trata de una apuesta realmente innovadora o estimar si tendrá éxito entre los posibles clientes y sobre la competencia.

Claro que tampoco hace falta que seas un experto en un área. Puedes profundizar en el funcionamiento del sector, en las compañías que lo dominan y en el tipo de público que tienen.

Hay dos palabras clave: monetización y escalabilidad

En el mundo de la inversión en startups, es importante analizar cómo una empresa planea convertirse en un negocio rentable y, por tanto, cómo va a obtener dinero de sus clientes. Uno de los principales objetivos de una compañía emergente debe ser llegar a sustentarse sin financiación externa.

Otro factor determinante es que se trate de un modelo escalable, es decir, que pueda crecer a un ritmo muy rápido y que los ingresos aumenten muy por encima de los gastos, de tal forma que se pueda proporcionar liquidez a los inversores.

Necesitas convertirte en investigador

Más allá de analizar el mercado, el historial de los emprendedores y su modelo de negocio, el estudio previo a invertir en startups pasa por averiguar si existen consejeros o asesores de la empresa en cuestión y su reputación, así como la cantidad de inversores que estarán implicados en la operación y la valoración de la firma.

También puede resultar útil examinar los datos financieros de la compañía y en qué gastó financiación previa, si la hubo, como la proporcionada por una aceleradora. En este sentido, un buen indicador en el que fijarse es el burn rate, que aporta información sobre el ritmo al que agotan su caja.

No hay que perder la pista al dinero

Aparte de echar la vista atrás, otra forma de juzgar si estás invirtiendo bien tu dinero es averiguar qué harán los emprendedores con el montante de la ronda, pues deben tener un plan donde establezcan cómo van a gastarlo. Normalmente, las cantidades se dividen por áreas enfocadas al crecimiento, la publicidad o el desarrollo, pero es muy positivo tener una descripción más detallada.

Hace falta paciencia (y resignación)

Invertir en startups conlleva riesgos que no pueden evitarse. Aunque, finalmente, apuestes por un proyecto con alto potencial, nada te garantiza que la empresa finalmente tenga éxito o que vaya a producirse algún evento de liquidez en el futuro. Generalmente, se estima un plazo de entre tres y cinco años de media para que un inversor que ha adquirido acciones de una compañía emergente vea algún tipo de retorno de su inversión.

El trabajo no acaba después de la ronda

Si la investigación anterior al proceso y la decisión ya conllevan un gasto de tiempo y una dedicación considerables, el periodo que sigue a la ronda tampoco puede considerarse como un alivio completo. Como ya te hemos explicado anteriormente, una vez el dinero llega a su destino, toca vigilar que se está gastando de manera adecuada, estudiar el crecimiento de la startup, conocer los cambios que puedan producirse y prever o subsanar posibles errores.

Si bien cualquier información que puedas recabar antes de comenzar a invertir en startups es poca, adquirir acciones en estas empresas a través de The Crowd Angel, que simplifica enormemente el proceso, puede ahorrarte muchas sorpresas. Un equipo de profesionales con amplia experiencia en consultoría e inversión se encarga de cribar los proyectos para seleccionar aquellos más innovadores y con mayor potencial, asegurar los derechos de los inversores y proporcionarte los datos necesarios para que estés al tanto de todo lo que ocurre en el seno de la compañía participada.