Caso de éxito de The Crowd Angel: Shopery

Aunque los porcentajes aumentan cada año, aún son muchas las empresas españolas que no tienen presencia en internet, sobre todo entre las más pequeñas. Solo el 23,5% de las empresas con menos de 10 empleados dispone de una página web. Y aún son menos las compañías de este tamaño que aprovechan las ventajas del comercio electrónico: en concreto, un 5% de las llamadas micropymes realizó ventas a través de internet en 2017, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.

El panorama mejora a partir de 10 trabajadores (un 78,2% tiene web) y, lógicamente, en las grandes empresas (el 96%), aunque todavía hay importantes lagunas en lo que respecta a la venta online: solo el 19,6% de las compañías con 10 o más empleados realizaron ventas mediante comercio electrónico en 2017. En consonancia, las ventas a través de comercio electrónico solo representaron un 17,3% del total de ventas de este tipo de empresas.

Las cifras eran bastante más modestas cuando la andadura de Shopery comenzó en Barcelona a finales de 2015, en el seno del venture builder Antai, del que también han salido Wallapop, Corner Job o Deliberry. La startup nacía con el objetivo de democratizar el e-commerce, desarrollando una potente herramienta para que cualquier persona o pyme pudiera crear su tienda online sin conocimientos informáticos. Se trataba de sortear las trabas más habituales a las que se enfrentan las empresas que se deciden a vender por internet.

Al frente de la empresa, con el apoyo de los cofundadores de Antai Venture Builder, Gerard Olivé y Miguel Vicente, estaban Franc Vidal y Julián Gómez, dos emprendedores con experiencia en los negocios (el primero había sido director comercial de una empresa de telecomunicaciones) y el software (el segundo estuvo a cargo de la web y las aplicaciones de Softonic). En el puesto de CTO, a cargo del desarrollo, se colocaría más tarde otro extrabajador de Softonic, Roger Gros. El equipo y la idea tenían un potencial enorme cuando se abrió a través de The Crowd Angel la oportunidad de invertir en la startup.

En la operación, que se llevó a cabo a mediados de 2016, se invirtieron 183.000 euros a través de The Crowd Angel como parte de una ronda mayor (en torno a los 600.000 euros) en la que también participaron Antai Capital, algunos business angels cercanos y se obtuvo un préstamo de Enisa.

Lo que vino después es la historia de un pivote exitoso. Los clientes iban llegando, pero no tan rápido ni con el volumen que a la luz de los datos cabía presagiar. El mercado al que se dirigía Shopery, particulares y pequeñas empresas que no tenían presencia en internet, existía, pero surgieron competidores extranjeros muy potentes que pusieron las cosas muy difíciles a la startup española. Shopify, hoy un gigante y líder indiscutible en el sector, acaparó gran parte de la cuota e hizo muy difícil que alternativas como Shopery se abrieran hueco.

En esa situación, los fundadores de Shopery supieron reinventarse. Tras un tiempo analizando el escenario y estudiante las necesidades de los clientes, encontraron un nicho aún por explotar y decidieron adaptar su herramienta. Se dieron cuenta de que los consumidores estaban cada vez más acostumbrados a comprar en marketplaces (sin ir más lejos, la propia Amazon), pero no existía una buena solución tecnológica para crearlos de una forma tan sencilla como se podían crear las tiendas con la antigua Shopery o con Shopify. Así que decidieron tomar ese rumbo y Shopery se fue convirtiendo poco a poco en la solución SaaS para negocios multivendedor (marketplaces) que es hoy en día.

El golpe de timón pronto comenzó a dar sus frutos. El Ayuntamiento de Villarreal decidió utilizar la tecnología de Shopery para poner en marcha Vilatenda, un innovador marketplace a través del cual decenas de comercios de la región, de muy diversos sectores (moda, electrónica, papelería, cosmética…) venden sus productos en una misma página.

El famoso mercado ‘hippie’ de Las Dalias, en Ibiza, también recurrió a Shopery para montar un marketplace en el que sus distintos artesanos venden sus productos a través de internet, superando las barreras geográficas. Además, gracias a las buenas perspectivas y con el objetivo de seguir creciendo por la senda de la creación de marketplaces, Shopery cerró en octubre una nueva ronda de financiación de 1,2 millones de euros liderada por la firma de capital riesgo K-Fund.

Las ventajas de recurrir a Shopery para este tipo de clientes son evidentes. Si cada uno de los comerciantes tuviera que abrir su propia tienda online, el coste sería mucho mayor, la visibilidad sería mucho menor, y tendrían que hacerse cargo de numerosas gestiones (técnicas, de pagos, incluso logísticas) que se ahorran al formar parte de un marketplace. La gestión de la página se centraliza, de modo que los vendedores no tienen que preocuparse de otra cosa que vender.

Para el gestor del marketplace también es mucho más sencillo recurrir a una solución como Shopery, y no solo porque se pueden olvidar de la parte tecnológica y estar seguros de que su plataforma cargará rápido, estará siempre disponible y se podrá escalar fácilmente y de forma ilimitada. Shopery también facilita la automatización del alta de nuevos vendedores, actualización en masa del catálogo, logística flexible (centralizada, en manos de cada vendedor, mixta), gestión de pagos muy sencilla para repartir el dinero entre los vendedores y el marketplace, numerosas funciones de marketing (optimización SEO, promociones y descuentos…) e incluso potentes herramientas de analítica e inteligencia de datos sobre los clientes… Y estas son solo algunas de las principales ventajas.

La tecnología ha sido un punto fuerte de esta startup desde el primer momento. Escuchar a los clientes y saber adaptarse a las necesidades del mercado ha permitido a los fundadores pivotar de forma exitosa y adaptar la potente herramienta que tenían entre manos a una demanda que estaba por cubrir. Ahora la compañía está cerca de alcanzar el umbral de rentabilidad y el objetivo es seguir creciendo. Lo que podía haber sido la historia de una empresa española derrotada por el gigante extranjero ha acabado siendo el relato de una reinvención del que todavía hay muchos capítulos por escribir.