Cómo se valora una startup

Cuando una startup se encuentra en las etapas más tempranas de desarrollo, cuando el proyecto y el modelo de negocio están aún en pañales, las métricas son inexistentes o escasas y la facturación es baja, resulta difícil determinar su valoración de cara a los inversores. Aunque estos tengan una idea del capital que están dispuestos a inyectar en la iniciativa o los propios emprendedores hayan estimado la financiación que necesitan para seguir adelante, fijar una cifra es arriesgado.

Mientras que algunos podrían pensar que la valoración de una empresa en estas condiciones tiende a cero, dado que todavía no ha demostrado verdaderamente su desempeño en el mercado, otros podrían entender que su elevado potencial de crecimiento le confiere un valor mucho más alto. Por eso, aunque aparecen siempre que va a producirse una nueva ronda de inversión, es especialmente en este proceso de financiación inicial cuando entran en juego dos conceptos imprescindibles en venture capital: las valoraciones premoney y postmoney.

Las rondas como punto de inflexión

Ambos términos vienen del inglés y en gran medida llevan explícito su significado. El primero, la valoración premoney (en castellano sería algo así como “previa al dinero”), no es otra cosa que la valoración que tiene la startup antes de que se lleve a cabo la ronda de financiación. Esta cifra se negocia entre el emprendedor y el inversor –ya que cada uno puede hacer su propia estimación–, que deben llegar a un equilibrio de intereses.

La segunda, la valoración postmoney (algo así como “después del dinero”), es la que tendría una startup una vez se haya cerrado la ronda de inversión y reciba el dinero de los inversores. La cifra equivale a la suma de la valoración premoney y la financiación aportada finalmente por el o los inversores. Ambas variables se estiman al comienzo del proceso, cuando los fundadores y los inversores van a negociar los términos del acuerdo económico.

En el caso de las compañías emergentes en fase semilla o seed, para estimar su valoración, los fundadores tendrán que calcular, primeramente, el dinero que necesitan para sacar adelante su proyecto hasta la siguiente etapa en la que vayan a buscar financiación. Además de prever gastos y beneficios futuros, pueden utilizar criterios subjetivos para demostrar su valía ante los inversores, como las posibilidades de su plan de negocio a corto y medio plazo o su inversión personal en el mismo, esto es, las horas de trabajo y esfuerzo que dedican a la empresa.

Pero no deben quedarse ahí. Una vez estimada una cantidad inicial para tener una referencia, los emprendedores tendrán que considerar el porcentaje del proyecto que cederán al inversor en la operación –es decir, la dilución que ellos mismos asumirán en la propiedad de la empresa– y la cantidad que necesitan levantar en la ronda. Dividiendo la financiación que piden al inversor por la fracción que le otorgan a cambio, obtendrán la valoración postmoney. Restándole a esta última la cantidad recibida en la ronda, obtendrán la valoración premoney de la startup.

Por ejemplo, si los responsables del proyecto ofrecen al inversor el 20 % de la empresa a cambio de 200.000 euros de financiación, entonces la valoración postmoney sería de 1 millón de euros. Y la valoración premoney sería el resultado de restar a esa valoración final el capital invertido, es decir, 800.000 euros.

No obstante, aunque los emprendedores pueden hacer sus propios cálculos, lo más habitual es que sea el propio inversor el que plantee unas condiciones desde el principio. Cuando se trata de una startup en las primeras etapas de desarrollo, los inversores suelen valorar cuestiones como el potencial de la idea, las capacidades del equipo (y su track record), la oportunidad de negocio y otros factores intangibles como los beneficios esperables y las posibilidades de crecimiento.

Este tipo de estudio es muy habitual en el caso de business angels e inversores de venture capital, que suelen estimar una valoración premoney para determinar las participaciones que pueden pedir a los emprendedores a cambio de su inyección económica.

El recorrido de la startup cuenta

En el caso de que el proyecto ya cuente con cierto recorrido, tanto inversores como emprendedores dispondrán de datos y criterios objetivos en los que basar la valoración inicial de la startup antes de una ronda. Entre estos factores pueden figurar la facturación y beneficios de la compañía, los gastos, la comparación de su desarrollo y penetración en el mercado con los de otras empresas del sector, la escalabilidad, el aumento del número de usuarios o suscriptores (que se conoce como tracción) y el crecimiento global de la empresa —tanto en términos económicos como puramente corporativos, incluido el aumento de la plantilla—.

Así pues, las valoraciones premoney y postmoney dependen del resultado de la negociación entre las dos partes. Ambas deben sentirse cómodas, además de con la cuantía acordada, con la participación de capital cedida al inversor, ya que a ninguna le conviene que sea demasiado alta. Para los emprendedores supondría una dilución demasiado grande que les restaría protagonismo y control en el proyecto, mientras que, para el inversor, un porcentaje muy elevado podría significar que está apostando por una empresa cuyos responsables están desmotivados o no lo suficientemente implicados en el proyecto.

Hay que tener en cuenta, además, que la valoración postmoney de una ronda no tiene por qué convertirse automáticamente en la valoración premoney de la siguiente. Esto es, una startup puede recibir una valoración previa a una ronda más o menos cuantiosa que la obtenida en el anterior levantamiento de capital, ya que la evolución del proyecto y los frutos obtenidos por sus responsables desde la última financiación pueden marcar un aumento o una disminución de la valoración de su proyecto.

De esta forma, cuando la valoración premoney de la siguiente ronda es mayor que la valoración postmoney de la anterior, la inversión recibe el nombre de upround. Si ocurre lo contrario –la valoración premoney de una ronda es menor que la postmoney de la captación de capital previa–, el resultado es una inversión downround.

El mejor escenario para ambas partes es el primero, pues significa que el proyecto está teniendo éxito y los inversores confían en sus responsables. Una buena evolución y un crecimiento sostenido son las mejores acreditaciones que los fundadores de una empresa pueden poner encima de la mesa de negociación en las próximas rondas.