Diferencias entre Venture Capital, Crowdfunding y Equity Crowdfunding

Desde hace unos años, internet se ha convertido uno de los canales más importantes para que los negocios emergentes encuentren la financiación que necesitan para crecer. Con este fin, han surgido en la Red numerosas plataformas que ponen en contacto a los responsables de nuevos proyectos con aquellos que pudieran estar interesados en apostar económicamente por su idea.

En este renovado ecosistema online, han surgido distintas estrategias de inversión que o bien se desmarcan totalmente de los modelos tradicionales o bien dan un giro a su filosofía para ofrecer nuevas posibilidades a inversores y ‘startups’. Aunque todas ellas conviven en la Web y fuera de ella, sus condiciones difieren y, por tanto, es necesario distinguir con claridad sus términos y los factores que las caracterizan. Por esta razón, desgranamos tres de los conceptos más utilizados en el terreno de la financiación: el crowdfunding, el equity crowdfunding y el capital de riesgo o venture capital.

Nombres similares, implicaciones distintas

Hasta hace poco, los modelos de venture capital y business angel eran las únicas opciones para invertir en startups en las etapas iniciales de crecimiento. No obstante, el equity crowdfunding, el modelo que sigue The Crowd Angel, se presenta actualmente como una potente alternativa con una serie de particularidades que la diferencian del resto de opciones de inversión, así como de otra forma de financiación con la que puede asociarse por la coincidencia lingüística, el crowdfunding. No obstante, pese a que tienen ciertos rasgos en común, incluido el nombre, no se siguen el mismo esquema.

El crowdfunding tradicional es un fenómeno más antiguo, representado por conocidas plataformas como Kickstarter e Indiegogo que dan cabida a aquellos proyectos que buscan financiación. Aunque esta figura guarda similitudes con el equity crowdfunding a través de internet, se diferencian en varios puntos.

Por una parte, mientras que las webs de crowdfunding ofrecen recompensas a los mecenas –aquellos que hacen una aportación económica a un proyecto– en forma de productos y no en términos financieros, el equity crowdfunding permite a los inversores obtener participaciones en las startups que apoyan monetariamente.

Por otra, y debido a la naturaleza de ambos esquemas, la cantidad de dinero que los responsables de un proyecto pueden llegar a recibir es bastante mayor en el caso del equity crowdfunding. Y a medida que las cifras de inversión aumentan, cobra importancia la protección de los inversores frente al riesgo. Es cierto que las plataformas como Kickstarter revisan las propuestas para evitar fraudes, sin embargo, solo el equity crowdfunding ofrece respaldo y estrictas medidas enfocadas a asegurar las relaciones a largo plazo entre emprendedores e inversores. Este tipo de plataformas también brindan al inversor informes sobre la evolución de la startup y el estado de sus participaciones para que pueda llevar un seguimiento del proyecto.

Ambas estrategias de inversión difieren también en los intereses perseguidos por quienes deciden contribuir económicamente al desarrollo de una idea. En las plataformas de crowdfunding, los mecenas no buscan beneficios económicos ni obtener una fracción del proyecto que han apoyado. Por el contrario, quienes optan por el equity crowdfunding persiguen otros fines: aunque sus motivaciones a la hora de decantarse por una u otra startup pueden variar, prevalece el deseo de rentabilizar su inversión. Perry Chen, CEO de Kickstarter, lo ha aclarado: en su web, “la gente apoya los proyectos porque quiere que se han realidad. Es muy diferente a dar dinero porque quieres obtener beneficios”.

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Distintas opciones para invertir en startups

Las diferencias entre el equity crowdfunding y el modelo de capital de riesgo son de otra índole. Ambas estrategias constituyen mecanismos de inversión en startups, sin embargo, los inversores de ‘venture capital’ pueden optar por compañías emergentes o con modelos de negocio un poco más desarrollados, mientras que las plataformas de equity crowdfunding dan cabida únicamente a proyectos en fases tempranas de crecimiento, lo que implica una mayor incertidumbre para los inversores (la empresa no tiene un historial ni suficiente recorrido para hacer un análisis exhaustivo de su viabilidad previo a la financiación).

Para minimizar el riesgo, las plataformas de equity crowdfunding como The Crowd Angel permiten invertir en proyectos a través de internet con la misma rigurosidad del venture capital: ambas actividades están reguladas, solo admiten la participación de inversores profesionales y manejan contratos de inversión que ambas partes deben firmar. Además, sus equipos se encargan de seleccionar los proyectos más prometedores, que deben pasar un filtro de calidad para minimizar el riesgo y lograr que los inversores puedan obtener un buen rendimiento de su inversión a la vez que ahorran tiempo en analizar ellos mismos el potencial de cada iniciativa.

Una de las principales diferencias entre ambos esquemas radica en el proceso de selección del proyecto: en equity crowdfunding, los inversores pueden elegir qué proyectos desean apoyar del abanico disponible en la plataforma. Sin embargo, las firmas de venture capital, a las que se adhieren múltiples inversores que buscan rentabilidad, están gestionadas por un núcleo de socios que deciden los proyectos en los que invertir los fondos.  

Por otro lado, mientras que en venture capital el periodo de negociación y el tiempo del que dispone la joven compañía para demostrar su viabilidad puede alargarse durante meses, en el caso del equity crowdfunding está acotado para favorecer operaciones dinámicas. Durante el tiempo que su proyecto aparece publicado en la plataforma los emprendedores ganan visibilidad entre la amplia red de inversores que forman parte de la plataforma.

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La cantidad monetaria que se invierte las empresas emergentes también varía. Mientras que en venture capital no suelen establecerse límites, en equity crowdfunding las cifras mínimas suelen situarse típicamente entre los 1.000 y 5.000 euros. El objetivo es, de nuevo, minimizar el riesgo que asumen diversificando su cartera de inversión y aportando cantidades más pequeñas a un mayor número de startups, de forma que un fracaso no tenga graves consecuencias.

Donde sí coinciden ambos modelos es en el papel que los inversores toman respecto a la empresa que apoyan económicamente. Tanto en equity crowdfunding como en venture capital, los inversores adquieren participaciones en la startup con vistas a que estas se revaloricen una vez la compañía haya crecido. Entonces, podrían vender sus participaciones a accionistas a un precio más elevado, un proceso que se conoce como desinversión en el que el inversor puede llegar a obtener beneficios que sobrepasan cientos de veces su inversión. No obstante, en el caso del ‘venture capital’, los inversores pueden hacerse, además, con derechos de voto o un puesto en el consejo de administración de las empresas participadas.

Aunque todas estas estrategias tienen un papel importante en el ecosistema actual de las startups, lo cierto es que el equity crowdfunding está ganando adeptos tanto en España como en todo el mundo. En nuestro país, este mercado creció de media un 75 % entre 2013 y 2015, según un reciente estudio de la Universidad de Cambridge. Datos más recientes revelan, además, que durante el primer trimestre de 2017 se han invertido más de cinco millones de euros en 19 empresas a través de estas plataformas, unos números que demuestran que cada vez más inversores se decantan por esta alternativa nacida gracias a internet que democratiza el proceso de financiación.