¿Qué es la dilución y cómo puede afectar a los inversores?

A medida que una startup crece, tanto sus necesidades como su relación con los inversores también van modificándose. Una de las situaciones que se producen durante esta evolución tiene lugar cuando la empresa emergente se lanza a la búsqueda de más inversión, produciéndose la llamada dilución.

La propia definición que el diccionario de la Real Academia Española da del término es, si bien ajena al mundo empresarial, bastante indicativa: se trata de la “acción o efecto de diluir”. Efectivamente, la dilución se produce cuando la propiedad de los socios inversores de una startup se diluye, decrece, como consecuencia de un aumento de capital.

A priori, lo más lógico es ver esta situación como un perjuicio para los actuales socios del proyecto, algo que convendría evitar a toda costa. No en vano, ¿quién querría ver cómo su porcentaje de accionariado disminuye? Sin embargo, ni sus causas ni sus esperables consecuencias tienen siempre efectos negativos para los socios de una startup.

¿En qué consiste?

Para ejemplificar el concepto de dilución, nada mejor que imaginar la propiedad de una startup como una tarta. Cuando, llegado el momento, las necesidades del proyecto requieren de más financiación, se plantea la posibilidad de hacer una ampliación de capital: se aumenta el tamaño de la tarta para que otros puedan hacerse con una porción (a cambio de su correspondiente inversión).

Cuando se produce esta ampliación del tamaño de la tarta, pueden darse dos escenarios. Por una parte, aquellos inversores que ya tienen una parte de la propiedad pueden optar a comprar una determinada cantidad de las nuevas acciones con la intención de que su porcentaje no disminuya como consecuencia de la entrada de nuevos inversores. Sin embargo, si declina esta posibilidad, el antiguo inversor verá que, al aumentar el trozo de la tarta, el porcentaje que representa su porción es ahora más pequeño.

Así, la dilución se puede producir de dos formas: porque algunos de los antiguos socios realizan una nueva aportación y el porcentaje de los que no participan en la ampliación de capital disminuye, o bien porque entra nuevo accionariado a la empresa. En cualquier caso, la causa y la principal consecuencia coinciden: la startup necesita financiación y, para obtenerla, aquellos que ya estaban involucrados con el proyecto ceden una parte de su propiedad.

¿Cómo se calcula?

A la hora de que los inversores puedan calcular con antelación cuánto van a diluirse sus participaciones en una startup como consecuencia de la entrada de nuevo capital, hay que tener en cuenta dos conceptos, principalmente: la valoración premoney y la valoración postmoney.

Por una parte, la valoración premoney es el valor de una startup antes de que esta reciba una nueva inversión de capital. Por el contrario, la valoración postmoney es simplemente el valor que tiene esa misma startup justo después de esa ronda de financiación. De hecho, la diferencia entre una valoración y otra no es sino la inversión recibida.

A la hora de calcular la dilución en sí, bastará con recalcular los porcentajes de acciones que posee cada cual teniendo en cuenta la valoración postmoney y el dinero que entra. Así, para una startup propiedad de tres socios con una valoración premoney de 500.000 euros y una ampliación de capital de 100.000 euros a cargo de un único inversor externo, los cálculos serían los siguientes:

  • Con la entrada de capital, la valoración postmoney asciende a los 600.000 euros.
  • El inversor que ha aportado la financiación se hará con algo más de un 16,6% de las participaciones de la startup, el porcentaje que representa su inversión del total de la valoración postmoney.
  • Los otros tres inversores, que poseían cada uno el 33,3% de las acciones de la startup, ceden una parte de sus porcentajes para hacerle hueco a ese nuevo 16,6%: cada uno verá como su fracción desciende hasta algo más del 27,7% de la empresa.

¿Tiene efectos negativos?

La dilución trae consigo un buen puñado de ventajas y algún pequeño inconveniente, pero, si todo sale según lo esperado, no se trata de algo malo. La desventaja obvia es que se pierde una parte de las acciones de la startup, pero en realidad se cede un porcentaje por una buena causa: con la nueva ampliación de capital, el proyecto se podrá desarrollar más y se revalorizará. Así, el trozo de la tarta será más pequeño tras la ampliación de capital, pero a pesar de ello valdrá más de lo que valía la porción que teníamos originalmente.

Por si fuera poco, también hay que tener en cuenta que con la dilución el inversor evita asumir más riesgo y dispone de más dinero para diversificar su cartera. No en vano, en caso de que decidiera participar en la ampliación de capital para evitar que sus participaciones se diluyan tendría que aportar más financiación a un mismo proyecto. Si finalmente no llega a buen puerto, habrá perdido más dinero; mientras tanto, en caso de no participar en la ampliación, dispone de ese dinero para diversificar su inversión apostando por otros proyectos (mientras mantiene una parte de la propiedad de la startup financiada, camino de aumentar su valor).

En definitiva, la dilución debe ser más ansiada que temida por parte de los inversores. Por una parte, porque la propia naturaleza de una empresa hace que este sea el paso lógico y obvio para que la startup crezca y alcance nuevos objetivos. Pero, además, si la entrada de nueva inversión se gestiona de la forma adecuada, su principal consecuencia será el aumento de la valoración de la startup.

No obstante, la tan temida pérdida de una parte de la propiedad hace que algunos inversores bloqueen la posibilidad de que se produzca la dilución limitando la forma en que se producen las futuras rondas de financiación por medio de cláusulas incluidas en el pacto de socios. No obstante, no es lo más habitual y, a decir verdad, no es necesario: las sucesivas ampliaciones de capital que requerirá la startup en cuestión irán disminuyendo el porcentaje que posee cada socio y, mientras tanto, hará que su valoración postmoney suba como la espuma ronda tras ronda.