Cuándo el ‘dead equity’ puede suponer un problema (y cómo solucionarlo)

Bill Hewlett y Dave Packard, Larry Page y Sergey Brin, Steve Wozniak y Steve Jobs… Numerosos gigantes tecnológicos fueron en su día modestas startups cofundadas por emprendedores que unieron fuerzas para convertir sus ideas en negocios de éxito. La complementariedad de perfiles entre los cofundadores y su esfuerzo conjunto para hacer que una empresa despegue pueden ser claves en el crecimiento de una startup en las etapas iniciales.

Sin embargo, hay ocasiones en las que alguno de los socios puede decidir abandonar el proyecto sin que este haya llegado a dar sus frutos por diferentes motivos. Por ejemplo, porque ya no quiere continuar esforzándose para sacarlo adelante o porque ha recibido una atractiva oferta de trabajo de otra compañía.

Esta situación puede perjudicar tanto al otro socio (o al resto de socios si había más de dos) como a los inversores, que han confiado en esos emprendedores para que guiaran el rumbo del proyecto y lógicamente pensarán que se verá afectado por esa marcha. Uno de los principales problemas es que ese cofundador que abandona puede continuar teniendo un excesivo porcentaje de las acciones de una compañía. Explicamos por qué esto puede ser un problema y cuáles son las posibles soluciones:

Los problemas del dead equity

A la hora de analizar el cap table de una empresa, un inversor se pregunta si el reparto de acciones es equilibrado (inicialmente, los fundadores mantienen la mayor parte del accionariado) y si hay un exceso de dead equity, es decir, de participaciones en manos de fundadores, asesores o empleados que ya no forman parte de la empresa.

Lógicamente, el dead equity de los fundadores que ya no forman parte de la empresa es el que más problemas acarrea, ya que suelen tener un alto porcentaje de las participaciones de una compañía. Por ejemplo, imaginemos que una startup está fundada por dos emprendedores que han fijado en su pacto de socios, el contrato que rige la relación entre los inversores y la empresa participada, controlar el mismo porcentaje de las acciones (el 50 %).

Posteriormente, entran nuevos inversores en la empresa (ya sean business angels, inversores de una plataforma de equity crowdfunding, etcétera) y adquieren el 20 % de las acciones. En ese momento, cada socio fundador controla el 40 % de las acciones. Si uno de ellos decide marcharse, mantendrá ese porcentaje pese a no estar implicado en la gestión del día a día de la compañía.

Sin duda, eso puede afectar gravemente a la motivación y a la productividad del fundador que se queda en la empresa: será el único socio que esté trabajando para llevar el proyecto adelante y, mientras tanto, el otro cofundador podrá seguir teniendo peso en la toma de decisiones sin estar trabajando en el proyecto.

En esos momentos, además, podría necesitar el apoyo de otro socio, pero, si decide buscarlo, su situación accionarial empeorará. Es probable que el cofundador no quiera ceder parte de sus participaciones al que ocupe su puesto, así que el emprendedor que continúa trabajando en el proyecto se verá obligado a ceder un porcentaje de sus acciones al nuevo socio que se incorpora.

Como hemos comentado, las acciones que se ceden a los empleados para premiar su trabajo o las que se conceden a los asesores en el proyecto también suponen un problema cuando ninguno de ellos colabora ya con la compañía y por tanto no aporta valor. Ese dead equity puede así perjudicar a los que sí están trabajando en la empresa e incluso puede obstaculizar la llegada de inversores, que se darán cuenta de que el cap table no está  equilibrado.

El vesting y otras soluciones para el dead equity

Para evitar que el dead equity acabe siendo un quebradero de cabeza que incluso pueda acabar provocando el fin del proyecto, hay varias medidas que se pueden tomar. Eso sí, todas ellas han de estar contempladas desde el principio en el pacto de socios para que puedan aplicarse en el momento en el que surjan los problemas:

  • El vesting de acciones. Es uno de los mecanismos más populares para promover la permanencia de los socios durante un tiempo en la compañía o al menos para lograr que no controlen un alto porcentaje de las acciones si abandonan pronto el proyecto.

En esencia, su finalidad es que los socios solo consigan hacerse con un porcentaje de las acciones de la compañía cuando ha pasado un determinado tiempo o cuando han cumplido determinados objetivos. Por ejemplo, se puede establecer un acuerdo de vesting para cuatro años. Cada vez que pase un determinado periodo (por ejemplo, tres meses o un año) el socio se hará con el porcentaje de acciones que le corresponde.

Así, en caso de salir de la empresa antes de lo esperado, el cofundador tan solo controlará un pequeño porcentaje de las acciones (por ejemplo, si se marcha a los seis meses, tan solo tendrá el 5 %). En caso de continuar trabajando en la empresa, conseguirá consolidar el 35 % restante a los cuatro años y será uno de los socios mayoritarios de la empresa.

Ahora bien, en ese plazo también puede haber tenido que ceder un porcentaje de las acciones a los nuevos socios (por ejemplo, si llegan nuevos inversores). Además, conviene tener contempladas ciertas situaciones en las que puede ser necesario acelerar el vesting y lograr que los socios consigan sus acciones en poco tiempo.

Por ejemplo, si va a entrar un nuevo inversor que adquiere muchas acciones o si la compañía va a venderse, puede ser conveniente establecer que se acelere la toma de posesión de acciones. En todo caso, conviene haber estudiado previamente cómo se efectuará la distribución de las acciones si un socio se retira.

También se pueden emplear otras fórmulas similares para evitar el exceso de dead equity. Por ejemplo, se puede fijar que, aunque el socio sea el propietario real del porcentaje de las acciones que le corresponden desde el comienzo, esté obligado después a vender un porcentaje si sale en un determinado momento de la compañía.

  • Cláusula de permanencia. Esta cláusula recogida en algunos pactos de socios no evita per se el problema del dead equity, pero incentiva a los socios a quedarse a la compañía, lo que por tanto ayuda a evitar que esas acciones acaban convirtiéndose en él. Para ello, se puede establecer, por ejemplo, que un socio tenga que pagar una determinada indemnización si se marcha antes de una fecha estipulada en la cláusula de permanencia, que fija un periodo mínimo obligatorio de permanencia.

La cláusula de permanencia también puede contemplar la diferencia entre los good leavers y los bad leavers para dar un trato diferente a los socios en función del motivo por el que han decidido abandonar la compañía.

Los good leavers son aquellos socios que dejan la empresa por una causa razonable (una enfermedad, una circunstancia personal grave) o que la abandonan cuando ya han cumplido unos determinados objetivos. En este caso, se puede establecer, por ejemplo, que puedan retener la parte de sus acciones o puedan decidir venderlas por el valor del mercado.

Por su parte, los bad leavers son aquellos socios que abandonan la compañía para marcharse a otro trabajo o iniciar otro proyecto empresarial, o bien que se ven obligados a dejar la empresa por mala conducta o porque no han cumplido sus objetivos. En este caso se puede establecer, por ejemplo, que estén obligados a vender las acciones al precio del mercado o al valor al que las compraron (la cifra que sea más baja) o por un valor muy inferior al del mercado.

Así, se pueden establecer una serie de derechos para los good leavers de la compañía y penalizaciones por incumplimiento para los bad leavers en el pacto de socios con el fin de que el reparto sea lo más justo posible.

  • Cláusula de no competencia. Además de establecer una cláusula que penalice a los emprendedores que abandonen los proyectos, también es posible establecer otra que determine que el socio no puede realizar actividades profesionales que supongan una competencia para el proyecto durante un tiempo definido. Nuevamente, no es un remedio para evitar el dead equity, pero sí puede servir para evitar que el socio se marche.

También hay vías para evitar dead equity de los exempleados de la compañía. Por ejemplo, si se quiere premiar a los trabajadores  hay otras alternativas posibles. Las phantom shares (acciones que ofrecen un derecho económico relacionado con el valor de las participaciones, pero sin que sean del empleado) son una de las alternativas para que los empleados no tengan un poder excesivo. Otra opción es establecer plazos a la hora de concederles stock options.  De esta forma, aunque el dead equity puede convertirse en un problema para emprendedores e inversores, hay alternativas para evitar que acabe perjudicando a la marcha del proyecto.